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Un lugar en el viaje de Paco y su Compadre

Un lugar en el viaje de Paco y su Compadre

– Mira, chico, por ahí viene Tenderín. ¿Qué traerá en la vena tal de su mollera que lo que sangre debiera aire son en gritos que por su garganta desde aquí escuchamos?

– ¡Ha muerto! ¡Ha muerto! ¡Por fin!

– ¿De quién estará hablando, chico, que arrobado tal de sí lo tiene?

– ¡Paco y su Compadre! ¿Os habéis enterado? ¡Ha muerto!

– ¡Por sueño de vida que en tal se despierta a gloria y gracia, Tenderín! Que si tal fiesta corre en el cerumen de tus oídos será que santo se hizo vida en el vino que lo hizo donde es agua, o que en tal se deshizo a quien dinero debías. ¿De quién hablas, Tenderín?

– Pero… ¿De veras no lo escuchasteis?

– Tu gozo enmudeció hasta el trinar de los ríos en olvido de sí mismos, Tenderín.

¡El rey, Compadre! ¡El rey! ¡Ha muerto! ¡Se acabó camino que mis pies no dicten! ¡Mas ya no tal rey los manda!

– ¡Oh, Tenderín! ¡Y tan razón llevas como día y noche de sol y luna son presos! ¡Por todos los cielos, que de luz y negro llenan horas que pisamos tiempo vida mía! ¡Cuán mejor noticia podrías traernos!

– ¡Voy hasta aquellos que por escuchar al río no oyeron la nueva! ¡A más ver!

– ¿Has oído, chico? Tal alegría es noche en el callar del día que parlanchina mudez sombras viste rayos de su cuerpo.

En esta tierra, chico, como allá donde pies pongan suelo, es de haber, ido y donde fuere rey señoree el cetro de su tino, tan a son de sí destinos alce en cuanto ser ha por tal. Y tal ha será su sido que sido no es tal si no de cuanto ser tiene ¿Qué tiene aquello de es que siendo fue y será, chico? ¡Ay del tiempo, que valiosas horas tiene y oro que vale menos que el triste barro! ¡O incluso más! Y es que ya lo dijo aquel que lo habló ¡Uno para todos y todos para uno, y porvenir en manos todas traiga cuanto para todos somos uno! Pues allí donde vértigo lacayo sueña con ojos abiertos, en la paz que tal hacer gusta y en así brinda el querer mal de altura que desea, cuanto sube o cae, se acomoda en semejante ir y venir, gasta la ilusión pensante, que fantasía tiene de cuanto es en ser es todo y tal es por cuanto cayó a pies de sí real, o cobra el pensar de la ilusión, que a sí se hace cuanto su fuere tal que todo sea lo que por sí alberga carente. Y allí, giros, tropiezos y vuelos de tales pájaros, que por no ser dichos son duchos en parecer hombres, es donde, bien bolsillos bien orejas, al fin pues sacos, en pegados a tales híbridos levantan torres para guardar las nubes.

Mas… ¿qué a nosotros nos viene tal cosa? ¿Qué decidir si no cerveza o vino? ¿Qué puede ser más grato al gusto después de una cerveza; antigua más que la antigüedad que hizo clásica estampa, con sus bien de arenques y olivitas gustosos de lo bueno donde lo hubiere, para refrescar uno el gaznate sino el buen vaso de vino que en sus propias delicias se asienta sesudo en fermento y reposa en la grandiosa bebida que así se ofrece? ¡Y no solo tal mas que botellas corren para hacer de las tabernas su alegría! Así que, chico, si vamos a pedir ¡pidámosle a Dios que en la resaca, de cuanto es misterio bastardo soberano del cielo, nos mande aquel dolor que mejor nos quiera tratar!

¡Ay, chico! Que aquellas fauces vicio que tal llamas boca en lagrimal de felicidad se deshacen al siquiera sonar la bebida. Mas, si verdad recoge dicho aquel «El más santo peca siete veces al día.» ¡Cuánto no habrá de serlo para el mísero pellejo orgulloso en la mugre que de vestimenta nos hace traje! ¡Hagámosle cuenta y paguemos dichosos cuanto de haber nos quede! ¡Y beber sea la dicha en que hallemos juntos el camino hacia la alegría que ahora son los tiempos! ¡Pues por sí que lo son! Y si fueron o serán, cuanto a hombre no compete competencias compite de andaderas que suyas son, sea si es, que siendo somos apenas un instante. ¡Cuanto lugar en el tiempo cabe ojos vista que de concepción tal está en ser! ¡Me parta un rayo, chico, si el placer no se tocara y la alegría no se viera! ¡Si no fueran casa sino bien hogar de victorias y desgracias! Y que de puertas son por lo que de puente tienen. Y casas son por lo que de piedra tienen. Y piedras son que al hombre vieron nacer. Y que si en nacer halla su ser el hombre ¡que así sea por los siglos de los siglos! Que retoños sea cuanto la muerte nos traiga y así los años vean cuanto de sol su luz ilumina. Que sin muerte no habría vida y sin vida no habría muerte ¡Larga vida a la muerte aunque corta muerte a la vida! Mas como no iba a cortar la muerte si guadaña le fue dada ¡Segadora de la sombra que cosecha son tus rebaños! ¡Despiadada segadora! Mas… Ay, vida amor mío que es en tu irte que te quiero, pues tu siempre venir es tu razón de ser… ¡la mía!

Mas que de vino y cerveza mi mollera está llena y gozo prestan a la sin hueso, chico, y en tales aciertos del gusto siempre hay desvaríos como llamas en el fuego, gotas en el mar y en el árbol semilla que raíces fueron su tallo.

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