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Una mañana

-Oh vida, universo todo, ¿de dónde viene nuestro mundo? Es tan perfecto que no puede ser fruto del Azar, tiene que ser producto de una conciencia pensante, ¡y cuánta razón hay en ello! Pero… ay vida, y si… simplemente…y si apareces porque sí, porque te apetece, porque quieres y te da la gana.

-¡Ay razón!.. Por el amor de dios, Paco… ¡qué disparate! ¿Cómo por el solo gusto de su querer va a crear la perfección y belleza de la vida? La vida tiene una estructura tan precisamente construida que no puede simplemente aparecer por el apetecerse vivir, si no que tiene que ser previamente pensada por la inteligencia de una conciencia pensante.

-Si tuvo que pensarla antes de hacer la vida, Quico, debió necesitar una eternidad para lograrlo. ¡Qué mareo de pensamientos el constructor de la vida! Tanto que tomó asiento y, exhausto en la eternidad pensante sólo dijo una palabra; ¡Quiero! Y del querer vivirse en la vida que es nuestra vida, surge la perfección que es la vida que vivimos; que no es otra cosa que el deseo del constructor. ¿Quién es el constructor? ¡El que crea de la nada!

-¿De la nada, Paco? ¿Ni siquiera de un pensamiento?

-¡Ni siquiera de un pensamiento, Quico! ¡De la nada!

-¡Por todos los santos, Paco! Pero eso no es lógico, ni razonable..

-Pero es maravilloso, Quico. Dios, de la nada, crea la perfección queriendo la perfección; ¡que ya es perfecta antes de que Dios la quiera! Creó la vida no desde la intelección de su conciencia, si no desde la voluntad de su querer vivirse en nosotros que lleva el germen de la perfección. ¡Y la perfección forma parte de todas las cosas! Tanto de la vida como de la eternidad, ¡pues son la misma cosa! Pues están en la misma cosa, en sí mismas; en el creador que las une haciéndolas una.

-Pero… ¡por el amor de dios, Paco!

-¡Amén, Quico! ¡Amén!

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