En esa bonita tierra, hermosa como ninguna, se encuentra aquel mar que tantos problemas provoca.
A su manera, allí todo el mundo es feliz. Aunque es más que sabido por todos que hay dos bandos, los que se bañaron en el mar y los que no, y que ello conlleva la mayoría de los conflictos que allí suceden.
Donde más suceden son en la escuela. aquellos padres que no se bañaron en el mar se cuidan muy mucho de advertir a sus hijos sobre los peligros de bañarse en el mar; «!Ni se os ocurra bañaros nunca en aquel mar! !Me habéis oído! !La gente no sale buena! ¿No los habéis visto? Esa extraña manera de caminar… !Espabila, amigo! que el semáforo está en verde… !No oyes los clacsons!… Y qué… ¿dónde miran? porque es imposible hablar con ellos de colores, ¿no pueden atinarle ni siquiera a uno?… !Que no os bañáis y punto he dicho!»
A su manera, allí todo el mundo es feliz. ¿Son felices? Lo son, porque en aquella tierra no existe la tristeza. Cuando llegó la tristeza a aquella tierra, la llevaron hasta un huerto en la frontera y entonces la enterraron boca abajo. Entonces fue creciendo, pero al estar boca abajo crecía hacia el interior, hacia el centro de la tierra. Y hacia la otra dirección, hacia la superficie, se fue creando lo que hoy es una montaña que se levanta monumental.
En el valle, a los pies de la montaña, suelen reunirse un grupo de gente, y hacen una fiesta en la que ríen, lloran, cantan y bailan alrededor de hogueras que encienden como centros de la fiesta.
Al dar comienzo la fiesta siempre repetían las mismas palabras como un mantra, que fue la conversación que tuvo un hombre del pueblo con la tristeza poco antes de que la enterraran;
«Busco algo -dijo la tristeza-. Busco algo, y a veces creo encontrarlo y a veces no. Pero yo siempre busco algo. A veces me lo recuerda el sol, a veces la luna, pero siempre busco algo».
«Si siempre buscas algo es que nunca lo encuentras, te compadezco amiga tristeza -le dijo el hombre del pueblo-.
«No hay de qué -le contestó la tristeza-, mi corazón es buscar, como el del tiempo correr. Mientras siga buscando siempre podré ser feliz. La tristeza feliz, ¿suena un poco raro, verdad? Creo que por eso me entierran. Pero, ¿acaso no todos buscamos algo? ¿Y ese algo no es.. la felicidad?».
Al principio, cuando no había mucha gente, en el pueblo había dos lados, a un lado vivían aquellos que se habían bañado en el mar y al otro lado aquellos que no. El pueblo se fue haciendo más y más grande y, poco a poco, la gente se fue mezclando entre los lados, hasta el punto que ya no existen esos dos lados.
Pero aun así, hay días en que se nota atravesando la ciudad, como si aquellos que se bañaron en el mar y los que no fueran completamente extraños los unos para los otros. Aquellos días suele aparecer alguien que, al presenciarlo clama tal que así;
-¿Por qué no podemos dejar las diferencias a un lado? ¿Qué importa que unos se bañaran en el mar y otros no?
A lo que el loco del pueblo, que suele estar en los lugares se apresura a voz en grito;
-¡Somos hijos de la guerra, y la inmortal paz es lo único que la guerra no destruye! ¡Cómete una oliva y sana en la brisa!
Y en esa bonita tierra, hermosa como ninguna, se encuentra aquel mar que tantos problemas provoca.



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