– Diablos! Vaya un aguante te gastas, flacucho. ¡Quién lo hubiera dicho! Si hemos tumbado hasta al tabernero. Y mira que ¡hip! es una mole que cuatro parecen de espaldas visto.
Venga, ahora que tímido despunta el día asomao a la lejanía en la que bosteza en ya su querer dormir la noche, tira pa casa ¡Qué menuda mona llevas, pimpollo!
– ¡Qué mona! ¡Cómo que mona!… ¡Tú! ¡Cabeza de cerdo piojoso! ¡Que con esa lengua ensuciarías hasta las letrinas del tugurio de la madre que te echó a este vil mundo! ¡Repítelo si eres hombre!
– Ya te dije yo que te iban a caer mal esos berberechos, muchacho. JA-JA-JA. Mejor guarda esas energías para llegar a la piltra. ¡No vaya a ser que tropieces con tus tripas y la cabeza se te haga almohada en la acera, borrachín!… ¡Y deja de bocear, diablo seco!
– ¡Bocear! ¡Bocear! ¡La voix de l’eau, qui bat immortelle dans le feu qui illumine le ciel! ¡Pourquoi la cherche-je! ¡Pourquoi je la veux! ¡Pourquoi est-ce que je l’écoute, douce et terrible dans le silence, et la sens danser dans les jardins où les yeux regardent le cœur!
– ¡Por todos los diablos!… ¡Se me caiga la frente y vuelen cuantas moscas en mi quijotera zumban tambores y zapateos, chico! Pero… ¿Desde cuándo sabes tú francés, mon amor?
– ¿Yo?… ¡Se me lleve el diablo si lo supiera! ¡Condenado! Debe ser el champaña ese que bebimos, que despierta olvidos y recuerda cuanto sin memoria se hace eco de hora en alrededores del tiempo, y como… Pero… ¡Mira! Si aún nos queda un trago. ¿Quieres un sorbo… tendererillo vicioso?
¡Ay!, moscas, sapos y culebras! ¡Champaña y tus caminos de la noche! que todo lleva al cielo estrellado… mas, mi cielo de estrellas…
¡Que mis pies ante tu vista tiemblan!



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