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	<title>Escritos de un instante</title>
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	<description>Escritos e ilustraci&#243;n</description>
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	<title>Escritos de un instante</title>
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		<title>Otro lugar en el viaje de Paco y su Compadre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[escritosgabriel]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Jul 2026 22:51:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#8211; Diablos! Vaya un aguante te gastas, flacucho. ¡Quién lo hubiera dicho! Si hemos tumbado hasta al tabernero. Y mira que ¡hip! es una mole que cuatro parecen de espaldas visto. Venga, ahora que tímido despunta el día asomao a la lejanía en la que bosteza en ya su querer dormir la noche, tira pa casa ¡Qué menuda mona llevas, pimpollo! &#8211; ¡Qué mona! ¡Cómo que mona!&#8230; ¡Tú! ¡Cabeza de cerdo piojoso! ¡Que con esa lengua ensuciarías hasta las letrinas del tugurio de la madre que te echó a este vil mundo! ¡Repítelo si eres hombre! &#8211; Ya te dije yo que te iban a caer mal esos berberechos, muchacho. JA-JA-JA. Mejor guarda esas energías para llegar a la piltra. ¡No vaya a ser que tropieces con tus tripas y la cabeza se te haga almohada en la acera, borrachín!&#8230; ¡Y deja de bocear, diablo seco! &#8211; ¡Bocear! ¡Bocear! ¡La voix de l&#8217;eau, qui bat immortelle dans le feu qui illumine le ciel! ¡Pourquoi la cherche-je! ¡Pourquoi je la veux! ¡Pourquoi est-ce que je l&#8217;écoute, douce et terrible dans le silence, et la sens danser dans les jardins où les yeux regardent le cœur! &#8211; ¡Por todos los diablos!&#8230; ¡Se me caiga la frente y vuelen cuantas moscas en mi quijotera zumban tambores y zapateos, chico! Pero&#8230; ¿Desde cuándo sabes tú francés, mon amor? &#8211; ¿Yo?&#8230; ¡Se me lleve el diablo si lo supiera! ¡Condenado! Debe ser el champaña ese que bebimos, que despierta olvidos y recuerda cuanto sin memoria se hace eco de hora en alrededores del tiempo, y como&#8230; Pero&#8230; ¡Mira! Si aún nos queda un trago. ¿Quieres un sorbo&#8230; tendererillo vicioso? ¡Ay!, moscas, sapos y culebras! ¡Champaña y tus caminos de la noche! que todo lleva al cielo estrellado&#8230; mas, mi cielo de estrellas&#8230; ¡Que mis pies ante tu vista tiemblan!</p>
<p>La entrada <a href="http://escritosdeuninstante.es/otro-lugar-en-el-viaje-de-paco-y-su-compadre/">Otro lugar en el viaje de Paco y su Compadre</a> se publicó primero en <a href="http://escritosdeuninstante.es">Escritos de un instante</a>.</p>
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<p>&#8211; Diablos! Vaya un aguante te gastas, flacucho. ¡Quién lo hubiera dicho! Si hemos tumbado hasta al tabernero. Y mira que ¡hip! es una mole que cuatro parecen de espaldas visto.</p>



<p>Venga, ahora que tímido despunta el día asomao a la lejanía en la que bosteza en ya su querer dormir la noche, tira pa casa ¡Qué menuda mona llevas, pimpollo!</p>



<p>&#8211; ¡Qué mona! ¡Cómo que mona!&#8230; ¡Tú! ¡Cabeza de cerdo piojoso! ¡Que con esa lengua ensuciarías hasta las letrinas del tugurio de la madre que te echó a este vil mundo! ¡Repítelo si eres hombre!</p>



<p>&#8211; Ya te dije yo que te iban a caer mal esos berberechos, muchacho. JA-JA-JA. Mejor guarda esas energías para llegar a la piltra. ¡No vaya a ser que tropieces con tus tripas y la cabeza se te haga almohada en la acera, borrachín!&#8230; ¡Y deja de bocear, diablo seco!</p>



<p>&#8211; ¡Bocear! ¡Bocear! ¡La voix de l&#8217;eau, qui bat immortelle dans le feu qui illumine le ciel! ¡Pourquoi la cherche-je! ¡Pourquoi je la veux! ¡Pourquoi est-ce que je l&#8217;écoute, douce et terrible dans le silence, et la sens danser dans les jardins où les yeux regardent le cœur!</p>



<p>&#8211; ¡Por todos los diablos!&#8230; ¡Se me caiga la frente y vuelen cuantas moscas en mi quijotera zumban tambores y zapateos, chico! Pero&#8230; ¿Desde cuándo sabes tú francés, mon amor?</p>



<p>&#8211; ¿Yo?&#8230; ¡Se me lleve el diablo si lo supiera! ¡Condenado! Debe ser el champaña ese que bebimos, que despierta olvidos y recuerda cuanto sin memoria se hace eco de hora en alrededores del tiempo, y como&#8230; Pero&#8230; ¡Mira! Si aún nos queda un trago. ¿Quieres un sorbo&#8230; tendererillo vicioso?</p>



<p>¡Ay!, moscas, sapos y culebras! ¡Champaña y tus caminos de la noche! que todo lleva al cielo estrellado&#8230; mas, mi cielo de estrellas&#8230;</p>



<p>¡Que mis pies ante tu vista tiemblan!</p>
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		<title>Una mañana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[escritosgabriel]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Apr 2026 18:36:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>-Oh vida, universo todo, ¿de dónde viene nuestro mundo? Es tan perfecto que no puede ser fruto del Azar, tiene que ser producto de una conciencia pensante, ¡y cuánta razón hay en ello! Pero&#8230; ay vida, y si&#8230; simplemente&#8230;y si apareces porque sí, porque te apetece, porque quieres y te da la gana. -¡Ay razón!.. Por el amor de dios, Paco&#8230; ¡qué disparate! ¿Cómo por el solo gusto de su querer va a crear la perfección y belleza de la vida? La vida tiene una estructura tan precisamente construida que no puede simplemente aparecer por el apetecerse vivir, si no que tiene que ser previamente pensada por la inteligencia de una conciencia pensante. -Si tuvo que pensarla antes de hacer la vida, Quico, debió necesitar una eternidad para lograrlo. ¡Qué mareo de pensamientos el constructor de la vida! Tanto que tomó asiento y, exhausto en la eternidad pensante sólo dijo una palabra; ¡Quiero! Y del querer vivirse en la vida que es nuestra vida, surge la perfección que es la vida que vivimos; que no es otra cosa que el deseo del constructor. ¿Quién es el constructor? ¡El que crea de la nada! -¿De la nada, Paco? ¿Ni siquiera de un pensamiento? -¡Ni siquiera de un pensamiento, Quico! ¡De la nada! -¡Por todos los santos, Paco! Pero eso no es lógico, ni razonable.. -Pero es maravilloso, Quico. Dios, de la nada, crea la perfección queriendo la perfección; ¡que ya es perfecta antes de que Dios la quiera! Creó la vida no desde la intelección de su conciencia, si no desde la voluntad de su querer vivirse en nosotros que lleva el germen de la perfección. ¡Y la perfección forma parte de todas las cosas! Tanto de la vida como de la eternidad, ¡pues son la misma cosa! Pues están en la misma cosa, en sí mismas; en el creador que las une haciéndolas una. -Pero&#8230; ¡por el amor de dios, Paco! -¡Amén, Quico! ¡Amén!</p>
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<p>-Oh vida, universo todo, ¿de dónde viene nuestro mundo? Es tan perfecto que no puede ser fruto del Azar, tiene que ser producto de una conciencia pensante, ¡y cuánta razón hay en ello! Pero&#8230; ay vida, y si&#8230; simplemente&#8230;y si apareces porque sí, porque te apetece, porque quieres y te da la gana.</p>
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<p>-¡Ay razón!.. Por el amor de dios, Paco&#8230; ¡qué disparate! ¿Cómo por el solo gusto de su querer va a crear la perfección y belleza de la vida? La vida tiene una estructura tan precisamente construida que no puede simplemente aparecer por el apetecerse vivir, si no que tiene que ser previamente pensada por la inteligencia de una conciencia pensante.</p>



<p>-Si tuvo que pensarla antes de hacer la vida, Quico, debió necesitar una eternidad para lograrlo. ¡Qué mareo de pensamientos el constructor de la vida! Tanto que tomó asiento y, exhausto en la eternidad pensante sólo dijo una palabra; ¡Quiero! Y del querer vivirse en la vida que es nuestra vida, surge la perfección que es la vida que vivimos; que no es otra cosa que el deseo del constructor. ¿Quién es el constructor? ¡El que crea de la nada!</p>



<p>-¿De la nada, Paco? ¿Ni siquiera de un pensamiento?</p>



<p>-¡Ni siquiera de un pensamiento, Quico! ¡De la nada!</p>



<p>-¡Por todos los santos, Paco! Pero eso no es lógico, ni razonable..</p>



<p>-Pero es maravilloso, Quico. Dios, de la nada, crea la perfección queriendo la perfección; ¡que ya es perfecta antes de que Dios la quiera! Creó la vida no desde la intelección de su conciencia, si no desde la voluntad de su querer vivirse en nosotros que lleva el germen de la perfección. ¡Y la perfección forma parte de todas las cosas! Tanto de la vida como de la eternidad, ¡pues son la misma cosa! Pues están en la misma cosa, en sí mismas; en el creador que las une haciéndolas una.</p>



<p>-Pero&#8230; ¡por el amor de dios, Paco!</p>



<p>-¡Amén, Quico! ¡Amén!</p>
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		<title>El hombre de hojalata</title>
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		<dc:creator><![CDATA[escritosgabriel]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Apr 2026 22:21:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cada día tienes un nuevo corazón. Es el mismo corazón. El tuyo. Pero cada día tienes un nuevo corazón. Para este corazón cada día es una vida, nace y muere, al día. Mientras bombea entre el abismo de sus parpados, abalanzándose a brillar entrelazado en la explosión del sueño… …nadie despierta siendo un hombre de hojalata&#8230; Pero lo que no se sabe del hombre de hojalata es que no queda un hueco vacío donde debiera estar su corazón. Entre las junturas que dan forma a su cuerpo sin latido; a través de su suave y metálica piel sin pulso se filtra el aliento del viento. Ya que la piel de metal del hombre de hojalata destripa en su paso al viento y sus entrañas, el halito del viento corre libremente deslizándose por el hueco donde debiera estar su corazón. Un viento helado desde el abismo en que se desata el fulgor de la profundidad más lejana de la oscuridad, mana con la fuerza que eleva los cielos para atravesar el vacío que se forma en el hueco donde el hombre de hojalata debiera tener su corazón. Un viento que arde con la velocidad con que relucen sobre la apagada tierra, envuelta en las tinieblas que devoran al sol y las estrellas, los rayos lanzados desde el olimpo para sentir cada pulgada de aliento como la búsqueda que se desvela para velar cada onda y cada fluctuación, donde el eco de su grito rezuma; ¡Corazón!. El hombre de hojalata no conoció el amanecer. Pero conoció su ocaso. El ocaso de la vida. El día y su sueño. El día y su último canto; ¡Despierta!</p>
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<p>Cada día tienes un nuevo corazón. Es el mismo corazón. El tuyo.</p>



<p>Pero cada día tienes un nuevo corazón. Para este corazón cada día es una vida, nace y muere, al día.</p>



<p class="has-text-align-left">Mientras bombea entre el abismo de sus parpados, abalanzándose a brillar entrelazado en la explosión del sueño…</p>



<p>…nadie despierta siendo un hombre de hojalata&#8230;</p>



<p>Pero lo que no se sabe del hombre de hojalata es que no queda un hueco vacío donde debiera estar su corazón. Entre las junturas que dan forma a su cuerpo sin latido; a través de su suave y metálica piel sin pulso se filtra el aliento del viento. Ya que la piel de metal del hombre de hojalata destripa en su paso al viento y sus entrañas, el halito del viento corre libremente deslizándose por el hueco donde debiera estar su corazón.</p>



<p>Un viento helado desde el abismo en que se desata el fulgor de la profundidad más lejana de la oscuridad, mana con la fuerza que eleva los cielos para atravesar el vacío que se forma en el hueco donde el hombre de hojalata debiera tener su corazón.</p>



<p>Un viento que arde con la velocidad con que relucen sobre la apagada tierra, envuelta en las tinieblas que devoran al sol y las estrellas, los rayos lanzados desde el olimpo para sentir cada pulgada de aliento como la búsqueda que se desvela para velar cada onda y cada fluctuación, donde el eco de su grito rezuma; ¡Corazón!.</p>



<p>El hombre de hojalata no conoció el amanecer. Pero conoció su ocaso. El ocaso de la vida. El día y su sueño. El día y su último canto; ¡Despierta!</p>
<p>La entrada <a href="http://escritosdeuninstante.es/el-hombre-de-hojalata/">El hombre de hojalata</a> se publicó primero en <a href="http://escritosdeuninstante.es">Escritos de un instante</a>.</p>
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		<title>El castillo de naipes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[escritosgabriel]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2026 21:49:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sentado sobre la hierba del parque al que acude cada tarde, junto al tablón que pone frente a sus rodillas como soporte, como cada día, se dedica a construir un castillo de naipes con la baraja que guarda en su bolsillo. Quizá no sea el mejor lugar. Puede que no sea el sitio más indicado para levantar su castillo de naipes, pero la cosa es que, sin faltar un día, allí se dedica a levantar concienzudamente su castillo de naipes, sentado sobre aquella hierba del parque al que tanto le gusta acudir. El viento, corriendo por el parque a su antojo suele tirarle su castillo antes de que pueda llegar a terminarlo. Cosa que no siempre se toma de la misma manera. A veces maldice poniendo el grito en el cielo; ¡No! Pero… ¡Por qué! ¡Por qué justo ahora! ¿No había otro momento?.. No.. Claro que no. ¡Tenía que ser ahora, verdad! Con lo que me ha costado… ¡Tenías que mandarlo al traste! ¡Cuando solo faltaba la torre! Y lo peor de todo es que… ¡Tú lo sabias! Lo sabías y aun así… ¡Aun así te ha dado igual! ¡Y tanto que te ha dado igual!&#8230; ¡Te ha importado un pimiento! ¿Por qué no hacerlo trizas, verdad? A un tris de acabarla y… cuando ya solo…  No puede ser… como si no fuera nada…. ¡Lo has tirado todo! ¡Lo has hecho por eso! ¡A propósito!.. ¡No tienes corazón! &#8211; Y aquí nuestro querido maldecidor, revoloteando en círculos presa de la turbación que lo empujaba, tras llegar a tal conclusión masculló para sus adentros – tanto como en ese momento supo contenerse –  las palabras que entre los labios se le escaparon como un intenso murmullo. Palabras que, reflejando la incrédula y airada sensación que experimentaba, creciendo en su voz rezaban en una bocanada de descontento y desaprobación la tan malvada canallada de la cual su persona había sido objeto; Conque viene aquí… yo que no me meto con nadie, que vengo de buena fe, con mis mejores intenciones a levantar mi castillo, sin molestar a nadie, y justo cuando… Ya veo…Conque te gusta divertirte a mi costa ¿eh? ¿Te ríes? ¿Te ríes? Conque esas tenemos. ¡Pues mira bien! ¡Porque soy yo quien se ríe! JA-JA-JA -Decía exaltado hasta el límite de encontrarse fuera de sí, mientras pisoteaba y saltaba sobre las cartas esparcidas por el suelo- ¡Y a mí qué, eh! ¡Qué me importa! ¡Si solo es un castillo de naipes! Puedo quemarlo.. escupirlo.. ¡Echarlo abajo si me viene en gana! O levantar otro tantas veces como quiera. ¿Me oyes? ¡Y así lo haré si quiero! Cuando terminaba su monólogo, que tan efusivamente le propinaba al viento, como si realmente el viento hubiera conjurado contra su construcción esperando el momento oportuno para derribarlo, volvía a sentarse y, reacomodándose, empezaba de nuevo a construir su castillo. En cambio otras veces, cuando levantaba su castillo y el viento lo tiraba, solo soltaba un pequeño suspiro; un suspiro más reflexivo que nostálgico. Un suspiro que parecía esconder más curiosidad que melancolía. Incluso una cierta agitación, como la del desafío provocado por la inquietud de un pensamiento que aparece de pronto en la cabeza y en el que no se había reparado hasta entonces. Situación a la que dedicaba largos momentos de meditación. Y es que, había veces que lloraba, veces que reía, veces que, como si nada hubiera ocurrido, como si el castillo no se hubiera caído; que no fuera ahora un reguero de naipes desparramados por encima del tablón y la hierba, volvía a empezar de cero, en lo que pareciera fuera continuar justo donde lo había dejado en la última carta. Una tarde, gentes vieron como levantaba su castillo en mitad del parque, y comentando entre ellos, por fin decidieron acercarse hasta él. &#8211; Hola. Perdone usted. Verá, estábamos mis amigos y yo a ese lado del parque y, al verle, no es que sea nuestra intención molestarle pero no hemos podido evitar preguntarnos ¿Qué hace aquí, amigo? -Construyo mi castillo de naipes. &#8211; Pero, por dios santo, ¿por qué no lo construye usted en su casa, buen hombre? No ve que aquí el viento se lo va a tirar por tierra&#8230; Su casa está perfectamente diseñada para que ninguna aislada y rebelde ráfaga de aire, por pequeña que sea, ponga su gozo en un pozo. Ni tampoco el que algún imprevisto le impida a usted construir su castillo tan alto como así lo quiera, guste y desee. Allí encontrará el lugar idóneo para levantar su castillo sin ningún problema. Podrá disponer de los utensilios con los que lograr medir el posicionamiento de cada una de las cartas de su castillo con un margen de error tan mínimo que resultaría prácticamente inapreciable, tan imperceptible que se le saltaría a usted la risa, cosa que no podrá conseguir aquí. Mientras que aquí todo son pegas e inconvenientes; como ese tablón viejo que cojea, o las inclemencias del tiempo, un perro que pueda pasar por medio, un balonazo fortuito o ¿quién sabe? ¡vaya usted a saber! Póngale mente, amigo. Allí no se encontrará usted nada más que con ventajas. ¿Por qué no piensa en la tranquilidad que le proporcionará hacerlo en su casa sin que nada le incomode; como el estar aquí sentado de mala manera? O en la comodidad que hallará contando con que nada inesperado le sobresalte haciendo que su castillo se desmorone. Nada escapará de sus manos. Piénselo dos veces y verá usted que solo encuentra buenas razones para no construir aquí su castillo, y comprenderá que su casa es la mejor opción. &#8211; Me gusta construirlo aquí, por eso vengo a este parque. Me gusta el viento, la hierba y mi tablón. Que los niños jueguen a la pelota, que los perros paseen. Que pueda llover o nevar. Me gusta no poder controlarlo todo, es emocionante. &#8211; Pero usted quiere construir su castillo ¿no es así? Piense en el viento, insensato, que se lo puede derribar en cualquier</p>
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]]></description>
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<p>Sentado sobre la hierba del parque al que acude cada tarde, junto al tablón que pone frente a sus rodillas como soporte, como cada día, se dedica a construir un castillo de naipes con la baraja que guarda en su bolsillo.</p>



<p>Quizá no sea el mejor lugar. Puede que no sea el sitio más indicado para levantar su castillo de naipes, pero la cosa es que, sin faltar un día, allí se dedica a levantar concienzudamente su castillo de naipes, sentado sobre aquella hierba del parque al que tanto le gusta acudir.</p>



<p>El viento, corriendo por el parque a su antojo suele tirarle su castillo antes de que pueda llegar a terminarlo.  Cosa que no siempre se toma de la misma manera. A veces maldice poniendo el grito en el cielo; ¡No! Pero… ¡Por qué! ¡Por qué justo ahora! ¿No había otro momento?.. No.. Claro que no. ¡Tenía que ser ahora, verdad! Con lo que me ha costado… ¡Tenías que mandarlo al traste! ¡Cuando solo faltaba la torre! Y lo peor de todo es que… ¡Tú lo sabias! Lo sabías y aun así… ¡Aun así te ha dado igual! ¡Y tanto que te ha dado igual!&#8230; ¡Te ha importado un pimiento! ¿Por qué no hacerlo trizas, verdad? A un tris de acabarla y… cuando ya solo…  No puede ser… como si no fuera nada…. ¡Lo has tirado todo!</p>



<p>¡Lo has hecho por eso! ¡A propósito!.. ¡No tienes corazón!</p>



<p>&#8211; Y aquí nuestro querido maldecidor, revoloteando en círculos presa de la turbación que lo empujaba, tras llegar a tal conclusión masculló para sus adentros – tanto como en ese momento supo contenerse –  las palabras que entre los labios se le escaparon como un intenso murmullo. Palabras que, reflejando la incrédula y airada sensación que experimentaba, creciendo en su voz rezaban en una bocanada de descontento y desaprobación la tan malvada canallada de la cual su persona había sido objeto; Conque viene aquí… yo que no me meto con nadie, que vengo de buena fe, con mis mejores intenciones a levantar mi castillo, sin molestar a nadie, y justo cuando… Ya veo…Conque te gusta divertirte a mi costa ¿eh? ¿Te ríes? ¿Te ríes? Conque esas tenemos. ¡Pues mira bien! ¡Porque soy yo quien se ríe! JA-JA-JA -Decía exaltado hasta el límite de encontrarse fuera de sí, mientras pisoteaba y saltaba sobre las cartas esparcidas por el suelo-</p>



<p>¡Y a mí qué, eh! ¡Qué me importa! ¡Si solo es un castillo de naipes! Puedo quemarlo.. escupirlo.. ¡Echarlo abajo si me viene en gana! O levantar otro tantas veces como quiera. ¿Me oyes? ¡Y así lo haré si quiero!</p>



<p>Cuando terminaba su monólogo, que tan efusivamente le propinaba al viento, como si realmente el viento hubiera conjurado contra su construcción esperando el momento oportuno para derribarlo, volvía a sentarse y, reacomodándose, empezaba de nuevo a construir su castillo.</p>



<p>En cambio otras veces, cuando levantaba su castillo y el viento lo tiraba, solo soltaba un pequeño suspiro; un suspiro más reflexivo que nostálgico. Un suspiro que parecía esconder más curiosidad que melancolía. Incluso una cierta agitación, como la del desafío provocado por la inquietud de un pensamiento que aparece de pronto en la cabeza y en el que no se había reparado hasta entonces. Situación a la que dedicaba largos momentos de meditación. Y es que, había veces que lloraba, veces que reía, veces que, como si nada hubiera ocurrido, como si el castillo no se hubiera caído; que no fuera ahora un reguero de naipes desparramados por encima del tablón y la hierba, volvía a empezar de cero, en lo que pareciera fuera continuar justo donde lo había dejado en la última carta.</p>



<p>Una tarde, gentes vieron como levantaba su castillo en mitad del parque, y comentando entre ellos, por fin decidieron acercarse hasta él.</p>



<p>&#8211; Hola. Perdone usted. Verá, estábamos mis amigos y yo a ese lado del parque y, al verle, no es que sea nuestra intención molestarle pero no hemos podido evitar preguntarnos ¿Qué hace aquí, amigo?</p>



<p>-Construyo mi castillo de naipes.</p>



<p>&#8211; Pero, por dios santo, ¿por qué no lo construye usted en su casa, buen hombre? No ve que aquí el viento se lo va a tirar por tierra&#8230; Su casa está perfectamente diseñada para que ninguna aislada y rebelde ráfaga de aire, por pequeña que sea, ponga su gozo en un pozo. Ni tampoco el que algún imprevisto le impida a usted construir su castillo tan alto como así lo quiera, guste y desee. Allí encontrará el lugar idóneo para levantar su castillo sin ningún problema. Podrá disponer de los utensilios con los que lograr medir el posicionamiento de cada una de las cartas de su castillo con un margen de error tan mínimo que resultaría prácticamente inapreciable, tan imperceptible que se le saltaría a usted la risa, cosa que no podrá conseguir aquí. Mientras que aquí todo son pegas e inconvenientes; como ese tablón viejo que cojea, o las inclemencias del tiempo, un perro que pueda pasar por medio, un balonazo fortuito o ¿quién sabe? ¡vaya usted a saber! Póngale mente, amigo. Allí no se encontrará usted nada más que con ventajas. ¿Por qué no piensa en la tranquilidad que le proporcionará hacerlo en su casa sin que nada le incomode; como el estar aquí sentado de mala manera? O en la comodidad que hallará contando con que nada inesperado le sobresalte haciendo que su castillo se desmorone. Nada escapará de sus manos.</p>



<p>Piénselo dos veces y verá usted que solo encuentra buenas razones para no construir aquí su castillo, y comprenderá que su casa es la mejor opción.</p>



<p>&#8211; Me gusta construirlo aquí, por eso vengo a este parque. Me gusta el viento, la hierba y mi tablón. Que los niños jueguen a la pelota, que los perros paseen. Que pueda llover o nevar. Me gusta no poder controlarlo todo, es emocionante.</p>



<p>&#8211; Pero usted quiere construir su castillo ¿no es así? Piense en el viento, insensato, que se lo puede derribar en cualquier momento.</p>



<p>&#8211; Precisamente, por eso vengo. A veces, cuando no hay viento, soy yo mismo el que muy de a gusto sopla para destartalarlo.</p>



<p>&#8211; Mejor vámonos de aquí porque no sabe lo que dice, ha perdido la cabeza… Vamos, chicos, salgamos de este lugar. Escondámonos tras aquella tapia, al otro lado del árbol y lancémosle una buena lluvia de piedras. Pero.. ¿Quién se habrá creído?&#8230; ¿Acaso… es que acaso nos ha tomado por tontos? Pues.. ¡No señor! ¡Nada de eso! ¡Está usted muy equivocado! Sepa que no se puede ir por ahí tratando así a la gente… a gente que solo trata de echarle una mano&#8230; ¿Es que acaso dije alguna sandez? ¿Me tomó por un estúpido.. como para concederse la libertad de reírse de mí? ¿De reírse de tal manera? Que le gusta el viento.. ¿Habéis escuchado? ¡Que por eso viene! Y que si no él… ¡Vaya que sí! ¡Menudo sinvergüenza! Menospreciarme con tamaña insolencia… como si fuera yo un ingenuo cualquiera que hablara por hablar ¡Como si mis palabras no tuvieran fundamento! Cuando es más que sabido por todos que… Pues sepa usted, muy señor mío, que no consentiré que nada ni nadie me insulte en mi propia cara, y menos un pelagatos como ese&#8230; ¿Conque te gusta el viento, eh? Y la lluvia también. ¡Pues vas a conocer la fuerza del granizo! ¡Al cuerno con él! ¡Apuntad bien, chicos! ¡Fuego!</p>
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		<title>En esa bonita tierra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[escritosgabriel]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 20:27:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esa bonita tierra, hermosa como ninguna, se encuentra aquel mar que tantos problemas provoca. A su manera, allí todo el mundo es feliz. Aunque es más que sabido por todos que hay dos bandos, los que se bañaron en el mar y los que no, y que ello conlleva la mayoría de los conflictos que allí suceden. Donde más suceden son en la escuela. aquellos padres que no se bañaron en el mar se cuidan muy mucho de advertir a sus hijos sobre los peligros de bañarse en el mar; «!Ni se os ocurra bañaros nunca en aquel mar! !Me habéis oído! !La gente no sale buena! ¿No los habéis visto? Esa extraña manera de caminar&#8230; !Espabila, amigo! que el semáforo está en verde&#8230; !No oyes los clacsons!&#8230; Y qué&#8230; ¿dónde miran? porque es imposible hablar con ellos de colores, ¿no pueden atinarle ni siquiera a uno?&#8230; !Que no os bañáis y punto he dicho!» A su manera, allí todo el mundo es feliz. ¿Son felices? Lo son, porque en aquella tierra no existe la tristeza. Cuando llegó la tristeza a aquella tierra, la llevaron hasta un huerto en la frontera y entonces la enterraron boca abajo. Entonces fue creciendo, pero al estar boca abajo crecía hacia el interior, hacia el centro de la tierra. Y hacia la otra dirección, hacia la superficie, se fue creando lo que hoy es una montaña que se levanta monumental. En el valle, a los pies de la montaña, suelen reunirse un grupo de gente, y hacen una fiesta en la que ríen, lloran, cantan y bailan alrededor de hogueras que encienden como centros de la fiesta. Al dar comienzo la fiesta siempre repetían las mismas palabras como un mantra, que fue la conversación que tuvo un hombre del pueblo con la tristeza poco antes de que la enterraran; «Busco algo -dijo la tristeza-. Busco algo, y a veces creo encontrarlo y a veces no. Pero yo siempre busco algo. A veces me lo recuerda el sol, a veces la luna, pero siempre busco algo». «Si siempre buscas algo es que nunca lo encuentras, te compadezco amiga tristeza -le dijo el hombre del pueblo-. «No hay de qué -le contestó la tristeza-, mi corazón es buscar, como el del tiempo correr. Mientras siga buscando siempre podré ser feliz. La tristeza feliz, ¿suena un poco raro, verdad? Creo que por eso me entierran. Pero, ¿acaso no todos buscamos algo? ¿Y ese algo no es.. la felicidad?». Al principio, cuando no había mucha gente, en el pueblo había dos lados, a un lado vivían aquellos que se habían bañado en el mar y al otro lado aquellos que no. El pueblo se fue haciendo más y más grande y, poco a poco, la gente se fue mezclando entre los lados, hasta el punto que ya no existen esos dos lados. Pero aun así, hay días en que se nota atravesando la ciudad, como si aquellos que se bañaron en el mar y los que no fueran completamente extraños los unos para los otros. Aquellos días suele aparecer alguien que, al presenciarlo clama tal que así; -¿Por qué no podemos dejar las diferencias a un lado? ¿Qué importa que unos se bañaran en el mar y otros no? A lo que el loco del pueblo, que suele estar en los lugares se apresura a voz en grito; -¡Somos hijos de la guerra, y la inmortal paz es lo único que la guerra no destruye! ¡Cómete una oliva y sana en la brisa! Y en esa bonita tierra, hermosa como ninguna, se encuentra aquel mar que tantos problemas provoca.</p>
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<p>En esa bonita tierra, hermosa como ninguna, se encuentra aquel mar que tantos problemas provoca.</p>



<p>A su manera, allí todo el mundo es feliz. Aunque es más que sabido por todos que hay dos bandos, los que se bañaron en el mar y los que no, y que ello conlleva la mayoría de los conflictos que allí suceden.</p>



<p>Donde más suceden son en la escuela. aquellos padres que no se bañaron en el mar se cuidan muy mucho de advertir a sus hijos sobre los peligros de bañarse en el mar; «!Ni se os ocurra bañaros nunca en aquel mar! !Me habéis oído! !La gente no sale buena! ¿No los habéis visto? Esa extraña manera de caminar&#8230; !Espabila, amigo! que el semáforo está en verde&#8230; !No oyes los clacsons!&#8230; Y qué&#8230; ¿dónde miran? porque es imposible hablar con ellos de colores, ¿no pueden atinarle ni siquiera a uno?&#8230; !Que no os bañáis y punto he dicho!»</p>



<p>A su manera, allí todo el mundo es feliz. ¿Son felices? Lo son, porque en aquella tierra no existe la tristeza. Cuando llegó la tristeza a aquella tierra, la llevaron hasta un huerto en la frontera y entonces la enterraron boca abajo. Entonces fue creciendo, pero al estar boca abajo crecía hacia el interior, hacia el centro de la tierra. Y hacia la otra dirección, hacia la superficie, se fue creando lo que hoy es una montaña que se levanta monumental.</p>



<p>En el valle, a los pies de la montaña, suelen reunirse un grupo de gente, y hacen una fiesta en la que ríen, lloran, cantan y bailan alrededor de hogueras que encienden como centros de la fiesta.</p>



<p>Al dar comienzo la fiesta siempre repetían las mismas palabras como un mantra, que fue la conversación que tuvo un hombre del pueblo con la tristeza poco antes de que la enterraran;</p>



<p>«Busco algo -dijo la tristeza-. Busco algo, y a veces creo encontrarlo y a veces no. Pero yo siempre busco algo. A veces me lo recuerda el sol, a veces la luna, pero siempre busco algo».</p>



<p>«Si siempre buscas algo es que nunca lo encuentras, te compadezco amiga tristeza -le dijo el hombre del pueblo-.</p>



<p>«No hay de qué -le contestó la tristeza-, mi corazón es buscar, como el del tiempo correr. Mientras siga buscando siempre podré ser feliz. La tristeza feliz, ¿suena un poco raro, verdad? Creo que por eso me entierran. Pero, ¿acaso no todos buscamos algo? ¿Y ese algo no es.. la felicidad?».</p>



<p>Al principio, cuando no había mucha gente, en el pueblo había dos lados, a un lado vivían aquellos que se habían bañado en el mar y al otro lado aquellos que no. El pueblo se fue haciendo más y más grande y, poco a poco, la gente se fue mezclando entre los lados, hasta el punto que ya no existen esos dos lados.</p>



<p>Pero aun así, hay días en que se nota atravesando la ciudad, como si aquellos que se bañaron en el mar y los que no fueran completamente extraños los unos para los otros. Aquellos días suele aparecer alguien que, al presenciarlo clama tal que así;</p>



<p>-¿Por qué no podemos dejar las diferencias a un lado? ¿Qué importa que unos se bañaran en el mar y otros no?</p>



<p>A lo que el loco del pueblo, que suele estar en los lugares se apresura a voz en grito;</p>



<p>-¡Somos hijos de la guerra, y la inmortal paz es lo único que la guerra no destruye! ¡Cómete una oliva y sana en la brisa!</p>



<p>Y en esa bonita tierra, hermosa como ninguna, se encuentra aquel mar que tantos problemas provoca.</p>
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		<title>El reino de los gigantes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[escritosgabriel]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Oct 2025 21:42:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El reino de los gigantes (Parte 1) ¿Qué tendrá la soledad que es tan repudiada al mismo tiempo que es tan querida? Que es una necesidad poder disponer de ella, y se acaba convirtiendo en una prisión a quien toca habitarla. Qué temor despierta en los hombres; más todavía si cabe por su indudable atractivo; como una fiera preciosa. ¿Será porque se viste con la piel de la muerte? ¿Será porque vive embarazada de la locura? ¿Quiénes oyen los cantos de las piedras? Los locos. ¿Quiénes escuchan la música de las encinas? Los locos. Qué consternación siente el corazón de la tierra por los locos. Sin embargo las rosas qué sedoso perfume desprenden. Dentro del hombre hay un cielo, y quien vio su lluvia ve los colores del viento que cuentan historias del reino de los gigantes. Que sus caminos son interminables; que sus pies hondan la tierra desde la noche que amaneció al día hasta el día que nació a la noche. ¿Alguien los ha visto alguna vez? Como el sol son recelosos, y pese a su tamaño no son nada torpes; que son de movimientos sutiles como la mariposa, gráciles como el leopardo y sigilosos como la lechuza. ¿Tienen alas? Cabría pensarlo, pero ¿quién los ha visto alguna vez? Dicen las leyendas que algunos son tan altos como el más alto abeto. De otros en cambio se cuenta que son tan grandes que poniéndose de puntillas rozan el cielo. Yo no lo sé porque nunca los he visto, pero sí he escuchado historias sobre ellos. Unos dicen que viven en el interior de la tierra, y que solo salen de noche a recorrer el mundo. Otros dicen que viven en los bosques y que es por el día cuando campan a sus anchas por la tierra, pero como son tan sumamente finos vistos de costado; tanto que llegan a desaparecer, es de perfil como salen a recorrer el mundo para no ser vistos. Qué es lo que hacen tampoco lo sé. Unos dicen que se dedican a robar hombres y a robar ganado para cocinarlos allí donde los preparan para comérselos; bien en el interior de la tierra donde vivirían o bien en las profundidades de los bosques donde construirían sus casas muy, muy lejos de los hombres. Otros cuentan que se pelean entre ellos por eso mismo. Que incluso se forman grandes guerras entre ladrones los unos y ladrones los otros por robar aquello a por lo que salen de sus guaridas. Hay quienes dicen que han visto alguno; que caminando una noche por el bosque se despertaron extraños sonidos en la oscuridad; sonidos que no habían escuchado nunca antes hasta aquel momento, y siguiendo el lugar allí del que salían, una figura gigantesca se irguió ante ellos entre una hilera de troncos, doblando los árboles con sus propias manos para dejarse ver. ¡Qué criatura más espeluznante dijeron ver! Era por lo menos el doble de alto que cualquiera de los árboles más altos de aquel bosque. Su cabeza parecía no tocar su cuello. Sus brazos eran gigantescos, y en aquella oscuridad de la noche su silueta se dibujaba del color de la sombra. Sentían sus ojos clavados en ellos expectantes como estaban de cuanto pudiera suceder pues, se miraban los unos a los otros sin dar crédito a cuanto veían. Estiró sus enormes brazos y agarró a uno de ellos, que gritaba sobrecogido por el terror. Sus compañeros pudieron salir corriendo y así es como cuentan la historia que tal les sucedió; y con ello crece la forma del cuerpo que son las leyendas que sobre tales se cuentan. Sin embargo son más los que dicen haberlos visto. Otro cuenta que caminando por un bosque se topó de frente con uno de ellos, y que más allá del bosque lo llevó en la noche hasta las entrañas de la tierra. Desde entonces, cuando le preguntan por aquello siempre tiene palabras que decir a voz en grito, «¡No temáis a los gigantes! ¡Si teméis a los gigantes es porque no los habéis visto! Pero… ¡Es que acaso estáis ciegos! ¡Vuestros ojos miran pero no ven! ¡Podrías tener la luna enfrente de vuestras mismísimas narices que no veríais más que vuestras espaldas! Ojos tiene el hombre pero ¿De qué le sirven? ¡No son más que su condena! ¡Ay si fuera todo ojos! ¡Quizá entonces pudiera ver más allá de sus manos! Lo que ve no lo oye y lo oye no lo toca y las campanas del tiempo rugen con trombones en el aire. ¿Y qué es el mundo si no el lugar del hombre? ¡Sabralo quien! ¡Tigres, monos, culebras y luciérnagas! ¡Qué distintos del trigo, las manzanas y las avellanas! Tierra y árboles y pájaros y el hombre y su camino. La vida y su mundo y en él dragones escupen llamas que oscurecen soles. ¿Y el hombre? ¿Es acaso el hombre un muerto viviente?», decía envuelto en sus propias carcajadas que acompañaban su voz; o a veces, cayendo en un total mutismo, sus ojos miraban hacia algún lugar tan lejano que parecían atravesar las montañas. Y así pasaba días, sin apartar la vista y el silencio de aquello que fuera cuanto mirara. Varios son los testimonios que se narran en las historias y sucesos que confieren un aire misterioso a las leyendas originadas por el encuentro con tales gigantes. Hay más historias de gente que dice haber visto alguno; en las que les dan distintas formas y diferentes tamaños, pero en su mayoría terminan como en nuestra primera historia; con algún desaparecido. Y todavía son más quienes, habiendo escuchado las historias, sintiendo una atracción por lo enigmático las interpretan; algunos añadiendo o quitando detalles, y otros simplemente inventándolas. Puede que aquellas historias y leyendas acerca de los gigantes en torno a las que se forman no sean sino un desvarío; que deban su aparición a aquellos que, acercándose demasiado a su inmensidad, terminaron bebiendo del vientre de la soledad. O puede que aquellas historias sean</p>
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<p class="has-extra-large-font-size">El reino de los gigantes (Parte 1)</p>



<p>¿Qué tendrá la soledad que es tan repudiada al mismo tiempo que es tan querida? Que es una necesidad poder disponer de ella, y se acaba convirtiendo en una prisión a quien toca habitarla.</p>



<p>Qué temor despierta en los hombres; más todavía si cabe por su indudable atractivo; como una fiera preciosa.</p>



<p>¿Será porque se viste con la piel de la muerte? ¿Será porque vive embarazada de la locura? ¿Quiénes oyen los cantos de las piedras? Los locos. ¿Quiénes escuchan la música de las encinas? Los locos. Qué consternación siente el corazón de la tierra por los locos. Sin embargo las rosas qué sedoso perfume desprenden.</p>



<p>Dentro del hombre hay un cielo, y quien vio su lluvia ve los colores del viento que cuentan historias del reino de los gigantes. Que sus caminos son interminables; que sus pies hondan la tierra desde la noche que amaneció al día hasta el día que nació a la noche.</p>



<p>¿Alguien los ha visto alguna vez? Como el sol son recelosos, y pese a su tamaño no son nada torpes; que son de movimientos sutiles como la mariposa, gráciles como el leopardo y sigilosos como la lechuza. ¿Tienen alas? Cabría pensarlo, pero ¿quién los ha visto alguna vez?</p>



<p>Dicen las leyendas que algunos son tan altos como el más alto abeto. De otros en cambio se cuenta que son tan grandes que poniéndose de puntillas rozan el cielo.</p>



<p>Yo no lo sé porque nunca los he visto, pero sí he escuchado historias sobre ellos. Unos dicen que viven en el interior de la tierra, y que solo salen de noche a recorrer el mundo. Otros dicen que viven en los bosques y que es por el día cuando campan a sus anchas por la tierra, pero como son tan sumamente finos vistos de costado; tanto que llegan a desaparecer, es de perfil como salen a recorrer el mundo para no ser vistos.</p>



<p>Qué es lo que hacen tampoco lo sé. Unos dicen que se dedican a robar hombres y a robar ganado para cocinarlos allí donde los preparan para comérselos; bien en el interior de la tierra donde vivirían o bien en las profundidades de los bosques donde construirían sus casas muy, muy lejos de los hombres.</p>



<p>Otros cuentan que se pelean entre ellos por eso mismo. Que incluso se forman grandes guerras entre ladrones los unos y ladrones los otros por robar aquello a por lo que salen de sus guaridas.</p>



<p>Hay quienes dicen que han visto alguno; que caminando una noche por el bosque se despertaron extraños sonidos en la oscuridad; sonidos que no habían escuchado nunca antes hasta aquel momento, y siguiendo el lugar allí del que salían, una figura gigantesca se irguió ante ellos entre una hilera de troncos, doblando los árboles con sus propias manos para dejarse ver.</p>



<p>¡Qué criatura más espeluznante dijeron ver! Era por lo menos el doble de alto que cualquiera de los árboles más altos de aquel bosque. Su cabeza parecía no tocar su cuello. Sus brazos eran gigantescos, y en aquella oscuridad de la noche su silueta se dibujaba del color de la sombra. Sentían sus ojos clavados en ellos expectantes como estaban de cuanto pudiera suceder pues, se miraban los unos a los otros sin dar crédito a cuanto veían. Estiró sus enormes brazos y agarró a uno de ellos, que gritaba sobrecogido por el terror. Sus compañeros pudieron salir corriendo y así es como cuentan la historia que tal les sucedió; y con ello crece la forma del cuerpo que son las leyendas que sobre tales se cuentan.</p>



<p>Sin embargo son más los que dicen haberlos visto. Otro cuenta que caminando por un bosque se topó de frente con uno de ellos, y que más allá del bosque lo llevó en la noche hasta las entrañas de la tierra. Desde entonces, cuando le preguntan por aquello siempre tiene palabras que decir a voz en grito, «¡No temáis a los gigantes! ¡Si teméis a los gigantes es porque no los habéis visto! Pero… ¡Es que acaso estáis ciegos! ¡Vuestros ojos miran pero no ven! ¡Podrías tener la luna enfrente de vuestras mismísimas narices que no veríais más que vuestras espaldas! Ojos tiene el hombre pero ¿De qué le sirven? ¡No son más que su condena! ¡Ay si fuera todo ojos! ¡Quizá entonces pudiera ver más allá de sus manos! Lo que ve no lo oye y lo oye no lo toca y las campanas del tiempo rugen con trombones en el aire. ¿Y qué es el mundo si no el lugar del hombre? ¡Sabralo quien! ¡Tigres, monos, culebras y luciérnagas! ¡Qué distintos del trigo, las manzanas y las avellanas! Tierra y árboles y pájaros y el hombre y su camino. La vida y su mundo y en él dragones escupen llamas que oscurecen soles. ¿Y el hombre? ¿Es acaso el hombre un muerto viviente?», decía envuelto en sus propias carcajadas que acompañaban su voz; o a veces, cayendo en un total mutismo, sus ojos miraban hacia algún lugar tan lejano que parecían atravesar las montañas. Y así pasaba días, sin apartar la vista y el silencio de aquello que fuera cuanto mirara.</p>



<p>Varios son los testimonios que se narran en las historias y sucesos que confieren un aire misterioso a las leyendas originadas por el encuentro con tales gigantes.</p>



<p>Hay más historias de gente que dice haber visto alguno; en las que les dan distintas formas y diferentes tamaños, pero en su mayoría terminan como en nuestra primera historia; con algún desaparecido. Y todavía son más quienes, habiendo escuchado las historias, sintiendo una atracción por lo enigmático las interpretan; algunos añadiendo o quitando detalles, y otros simplemente inventándolas.</p>



<p>Puede que aquellas historias y leyendas acerca de los gigantes en torno a las que se forman no sean sino un desvarío; que deban su aparición a aquellos que, acercándose demasiado a su inmensidad, terminaron bebiendo del vientre de la soledad. O puede que aquellas historias sean permanentemente contadas en el silencio de su vientre y por ello sentimos un sordo temor hacia la soledad; que nos provoca una intensa atracción y un cierto rechazo.</p>



<p>Que la soledad es un pozo que se alimenta del mundo; un pozo tan profundo que atraviesa la oscuridad de la noche. Y allí abajo, debajo de lo que está abajo, es donde está el reino de los gigantes.</p>



<p>Más, ¿Es en ese reino donde habitan los gigantes o viven entre nosotros? Yo no sé de nadie que haya conseguido llegar hasta allí abajo. He visto el jardín, el jardín donde se encuentra aquel pozo. Siempre que he estado por allí he pasado la mayor parte del tiempo caminando por aquel jardín, o tumbado en su yerba bajo el sol, o a la sombra del algún árbol.</p>



<p>A veces me sentaba en aquel muro circular de piedra en el que daba comienzo el pozo. Solo es alguna vez que me adentré en aquel pozo. Es tan largo que llega un momento en que ya no sabes si estás descendiendo o no. En el jardín también hay oscuridad; a veces reina la noche señoreando ese aquel su todo poder, pero la oscuridad de aquel pozo es semejante a nada que se le pudiera creer parecido.</p>



<p>¿Qué es el abismo? La continuación tras un límite de apariencia inalcanzable. ¿Es aquel pozo el abismo del abismo? Sería ridículo llamarlo abismo. No es un abismo. Se le podría llamar abismo, pero lo que es es algo en sí mismo. Si es un abismo no es más que por ser la rotura del abismo. Es el no abismo del abismo. El no abismo en el abismo. El no abismo tras el abismo. Solo que puede que no haya en, que no haya de, que no haya tras, que no haya abismo.</p>



<p>Según más descendía más marcas había inscritas en la pared de piedra de aquel pozo. cuanto más descendía más parecían convertirse aquellas marcas en grabados, hasta que de pronto dejé de notar las marcas. Las marcas desaparecieron. Quizá lo que desaparecieron fueran las pareces de piedra de aquel pozo. ¿Llegué abajo? No lo sé. Si llegué, allí no estaban los gigantes.</p>



<p>¿Quién si no ellos podían haber hecho las marcas y los grabados? Entonces, ¿Dónde están? En el jardín tampoco están. Es en el mundo donde cuentan las leyendas que han sido vistos. Así que fui a buscar a aquel al que llevaron más allá del bosque a lo que dijo las entrañas de la tierra. Sabía dónde buscarlo. Cuando llegué estaba sentado en una plaza, me acerqué y le pregunté sin rodeos «¿Cómo son los gigantes? ¿Tienen razón las leyendas?». Me miró y se le dibujó una sonrisa en los labios, «conque no ves la luna aunque tropieces con ella sin cesar. Si tus ojos no la ven ¿Cómo pretendes que te la descubran mis palabras?» «Me gustaría saber si existen, si las historias que cuentan sobre ellos son ciertas.» «¿Y qué pasa si no son ciertas?» «La verdad es que creo que sí son ciertas.» «Pero no los has visto.» «No.» «¿Y qué pasaría si yo no fuera más que un loco?» «Entonces… Eso querría decir que sí los has visto.» «JA-JA-JA. De verdad quieres saber cómo son ¿Verdad? No los viste en el jardín. No los viste en el pozo. en el pozo no viste nada, y desde el pozo sientes que en el jardín nada has visto. ¿Y ahora qué? ¿Cómo pretendes verlos si caminan de perfil por le mundo?» «Si verlos fuera imposible no los habrías visto.» «Quizá no quieran que los veas.» «¿Por qué no?» «¿Y por qué sí? Te digo cómo son, ¿Y entonces qué? Si no ves la luna es porque no quieres. Llovieron desde las estrellas, pero las estrellas nacieron por tus ojos. Cuando los buscas en el cielo se esconden en la tierra. Cuando los buscas en la tierra se esconden en el cielo. Pero ¿Dónde está el cielo? En la tierra. Cuando lo que buscas es su altura buscas su profundidad, porque miras en la dirección equivocada. Es por eso que cuando los miras, simplemente no los ves. Cuando los ves no los miras. Mis palabras te los señalarían, pero ¿De qué serviría? Quizá tengas que volver al pozo y ser el primero en llegar a aquello que está abajo de lo que está abajo. ¿No te has preguntado adonde conduce ese pozo? Si allí tienen su reino, ¿Por qué cuentan las leyendas que construyen sus casas en los bosques? ¿Y si las leyendas son ciertas? ¿No tienes miedo de encontrártelos?</p>



<p>Su pozo es un misterio. ¿Por qué no te entretienes con sus marcas y grabados? Quizá no sean suficiente para ti. Cuando aquel susurro se despierta es imposible dejar de escucharlo. ¿Y si tus manos pudieran ver los colores de la piedra de aquel pozo? ¿Y si tus manos escucharan los sonidos de la piedra de aquel pozo? ¿Y si tus dedos fueran lenguas que lamieran la piedra de aquel pozo? ¿Y si las yemas de tus dedos pudieran oler el aroma de la humedad de la piedra de aquel pozo? Quizá el tocar de tus manos fuera el ver que tus ojos no pueden. La oscuridad del pozo lo hace invisible. Un misterio es su reino, y ellos hijos de su reino. ¿Será que en verdad son tan sigilosos como una lechuza y por ello no son vistos? ¿O quizá son tan sumamente finos que llegan a desapareces en su perfil y por eso no se los puede ver? ¿O tal vez es que sean invisibles? Yo los he visto, y otros tantos que se encontraron con ellos y son las historias que avivan la curiosidad sobre tales leyendas. Entonces ¿Dónde están? La densidad del espacio es medida por aquello que lo ocupa. Tú puedes ver cuanto hay en el espacio. ves los mares y los ríos; ves el cielo y ves las nubes; ves el fuego; ves la tierra, los campos, los prados y los valles; ves las montañas, ves los desiertos y ves los bosques, pero no has visto a los gigantes. Cuatro son los elementos de los que surge la densidad; aire, tierra fuego y agua. No los has visto en el aire; que el aire es de los pájaros, del humo y de cuanto es gaseoso ¿Se esconderán en la niebla y por eso no los ves? No los has visto en la tierra; que la tierra es de los campos, los prados, los valles, las montañas, los desiertos y los bosques y cuanto en ellos habita, ¿Se esconderán en los campos, los prados, los valles, las montañas, los desiertos o en los bosques y por eso no los ves? No los has visto en el fuego; que el fuego es de las llamas y por eso no los ves? No los has visto en el agua; que le agua es de los peces, los mares y los ríos y cuanto en sus aguas viva sumergido ¿Se esconderán en el agua y por eso no los ves? Vienes hasta aquí para que te cuente cómo son los gigantes. Deseas tanto verlos que no puedes ver otra cosa, pese a que no los ves. Quieres saber cómo son, pero lo que es lo es independientemente del conocimiento que tengas sobre lo que es. En aquello de lo que miras sobre lo que tienes su conocimiento es lo que no ves una suposición, que en tal parecer es el fundamento a priori establecido de lo que es una suposición; así miras la vida. no buscas la sabiduría de los ojos porque tienes el conocimiento de lo que ves. Cuando miras al sur no ves el norte, y cuando miras al norte no ves el sur. ¿Qué es lo imposible? Lo que no es posible. ¿Y qué es lo posible? ¿Podría una caja que llenas de arena estar llena de agua? Las hojas caen de los árboles; ves cómo caen las hojas, y cuando han caído miras una hoja; o ves caer una hoja, peor la hoja no la ves, no obstante cuando la miras la ves. Así haces con los gigantes. Allí es donde se esconden. Ese es su recorrer el mundo en su perfil. Podría haber un gigante aquí ahora mismo que no lo verías. Hay algunos que son tan altos como el más alto abeto. Otros en cambio son tan grandes que poniéndose de puntillas rozarían el cielo. ¡Si que tienen que ser sigilosos! ¡Tanto como lechu</p>
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		<title>Allí estás tú</title>
		<link>http://escritosdeuninstante.es/alli-estas-tu/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[escritosgabriel]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Sep 2024 22:28:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Allí estás tú Nací en aquel lugar donde la distancia pierde su nombre en la lejanía, justo allí donde cerca, tan cerca que parece mentira, se hace invisible hacia el infinito. A donde no puedo ir; de donde no puedo volver. Allí donde nunca estuve; donde jamás dejé de estar. Allí estás tú. ¿Por qué puedo mirarte, pero te desvaneces antes de que pueda verte? Siento como tu aliento resbala entre mis labios, tu pelo acaricia mis mejillas, tu nariz roza la mía, allí donde mis ojos no alcanzan, donde a mis pulmones les falta el aire, donde mi corazón sueña. Hoy no sé quién eres; quien come de mi vientre, quien sueña en mi pecho. Tan real como una ilusión, tan ilusorio como la realidad, allí estás tú. A donde no puedo ir, de donde no puedo volver.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center has-extra-large-font-size"><strong>Allí estás tú</strong></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-right:0;margin-left:0">Nací en aquel lugar donde la distancia </p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-right:0;margin-left:0">pierde su nombre en la lejanía,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-right:0;margin-left:0">justo allí donde cerca,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-right:0;margin-left:0">tan cerca que parece mentira,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-right:0;margin-left:0">se hace invisible hacia el infinito.</p>



<p></p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">A donde no puedo ir;</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">de donde no puedo volver.</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">Allí donde nunca estuve;</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">donde jamás dejé de estar.</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">Allí estás tú.</p>



<p></p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">¿Por qué puedo mirarte,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">pero te desvaneces antes de que pueda verte?</p>



<p></p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-bottom:0">Siento como tu aliento resbala entre mis labios,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-bottom:0">tu pelo acaricia mis mejillas,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-bottom:0">tu nariz roza la mía,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-bottom:0">allí donde mis ojos no alcanzan,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-bottom:0">donde a mis pulmones les falta el aire,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0;margin-bottom:0">donde mi corazón sueña.</p>



<p></p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">Hoy no sé quién eres;</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">quien come de mi vientre,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">quien sueña en mi pecho.</p>



<p></p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">Tan real como una ilusión,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">tan ilusorio como la realidad,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">allí estás tú.</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">A donde no puedo ir,</p>



<p class="has-text-align-center" style="margin-top:0">de donde no puedo volver.</p>



<p></p>
<p>La entrada <a href="http://escritosdeuninstante.es/alli-estas-tu/">Allí estás tú</a> se publicó primero en <a href="http://escritosdeuninstante.es">Escritos de un instante</a>.</p>
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		<title>Un lugar en el viaje de Paco y su Compadre</title>
		<link>http://escritosdeuninstante.es/un-lugar-en-el-viaje-de-paco-y-su-compadre/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[escritosgabriel]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Jun 2024 14:21:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://escritosdeuninstante.es/?p=236</guid>

					<description><![CDATA[<p>Un lugar en el viaje de Paco y su Compadre &#8211; Mira, chico, por ahí viene Tenderín. ¿Qué traerá en la vena tal de su mollera que lo que sangre debiera aire son en gritos que por su garganta desde aquí escuchamos? &#8211; ¡Ha muerto! ¡Ha muerto! ¡Por fin! &#8211; ¿De quién estará hablando, chico, que arrobado tal de sí lo tiene? &#8211; ¡Paco y su Compadre! ¿Os habéis enterado? ¡Ha muerto! &#8211; ¡Por sueño de vida que en tal se despierta a gloria y gracia, Tenderín! Que si tal fiesta corre en el cerumen de tus oídos será que santo se hizo vida en el vino que lo hizo donde es agua, o que en tal se deshizo a quien dinero debías. ¿De quién hablas, Tenderín? &#8211; Pero… ¿De veras no lo escuchasteis? &#8211; Tu gozo enmudeció hasta el trinar de los ríos en olvido de sí mismos, Tenderín. ¡El rey, Compadre! ¡El rey! ¡Ha muerto! ¡Se acabó camino que mis pies no dicten! ¡Mas ya no tal rey los manda! &#8211; ¡Oh, Tenderín! ¡Y tan razón llevas como día y noche de sol y luna son presos! ¡Por todos los cielos, que de luz y negro llenan horas que pisamos tiempo vida mía! ¡Cuán mejor noticia podrías traernos! &#8211; ¡Voy hasta aquellos que por escuchar al río no oyeron la nueva! ¡A más ver! &#8211; ¿Has oído, chico? Tal alegría es noche en el callar del día que parlanchina mudez sombras viste rayos de su cuerpo. En esta tierra, chico, como allá donde pies pongan suelo, es de haber, ido y donde fuere rey señoree el cetro de su tino, tan a son de sí destinos alce en cuanto ser ha por tal. Y tal ha será su sido que sido no es tal si no de cuanto ser tiene ¿Qué tiene aquello de es que siendo fue y será, chico? ¡Ay del tiempo, que valiosas horas tiene y oro que vale menos que el triste barro! ¡O incluso más! Y es que ya lo dijo aquel que lo habló ¡Uno para todos y todos para uno, y porvenir en manos todas traiga cuanto para todos somos uno! Pues allí donde vértigo lacayo sueña con ojos abiertos, en la paz que tal hacer gusta y en así brinda el querer mal de altura que desea, cuanto sube o cae, se acomoda en semejante ir y venir, gasta la ilusión pensante, que fantasía tiene de cuanto es en ser es todo y tal es por cuanto cayó a pies de sí real, o cobra el pensar de la ilusión, que a sí se hace cuanto su fuere tal que todo sea lo que por sí alberga carente. Y allí, giros, tropiezos y vuelos de tales pájaros, que por no ser dichos son duchos en parecer hombres, es donde, bien bolsillos bien orejas, al fin pues sacos, en pegados a tales híbridos levantan torres para guardar las nubes. Mas… ¿qué a nosotros nos viene tal cosa? ¿Qué decidir si no cerveza o vino? ¿Qué puede ser más grato al gusto después de una cerveza; antigua más que la antigüedad que hizo clásica estampa, con sus bien de arenques y olivitas gustosos de lo bueno donde lo hubiere, para refrescar uno el gaznate sino el buen vaso de vino que en sus propias delicias se asienta sesudo en fermento y reposa en la grandiosa bebida que así se ofrece? ¡Y no solo tal mas que botellas corren para hacer de las tabernas su alegría! Así que, chico, si vamos a pedir ¡pidámosle a Dios que en la resaca, de cuanto es misterio bastardo soberano del cielo, nos mande aquel dolor que mejor nos quiera tratar! ¡Ay, chico! Que aquellas fauces vicio que tal llamas boca en lagrimal de felicidad se deshacen al siquiera sonar la bebida. Mas, si verdad recoge dicho aquel «El más santo peca siete veces al día.» ¡Cuánto no habrá de serlo para el mísero pellejo orgulloso en la mugre que de vestimenta nos hace traje! ¡Hagámosle cuenta y paguemos dichosos cuanto de haber nos quede! ¡Y beber sea la dicha en que hallemos juntos el camino hacia la alegría que ahora son los tiempos! ¡Pues por sí que lo son! Y si fueron o serán, cuanto a hombre no compete competencias compite de andaderas que suyas son, sea si es, que siendo somos apenas un instante. ¡Cuanto lugar en el tiempo cabe ojos vista que de concepción tal está en ser! ¡Me parta un rayo, chico, si el placer no se tocara y la alegría no se viera! ¡Si no fueran casa sino bien hogar de victorias y desgracias! Y que de puertas son por lo que de puente tienen. Y casas son por lo que de piedra tienen. Y piedras son que al hombre vieron nacer. Y que si en nacer halla su ser el hombre ¡que así sea por los siglos de los siglos! Que retoños sea cuanto la muerte nos traiga y así los años vean cuanto de sol su luz ilumina. Que sin muerte no habría vida y sin vida no habría muerte ¡Larga vida a la muerte aunque corta muerte a la vida! Mas como no iba a cortar la muerte si guadaña le fue dada ¡Segadora de la sombra que cosecha son tus rebaños! ¡Despiadada segadora! Mas… Ay, vida amor mío que es en tu irte que te quiero, pues tu siempre venir es tu razón de ser… ¡la mía! Mas que de vino y cerveza mi mollera está llena y gozo prestan a la sin hueso, chico, y en tales aciertos del gusto siempre hay desvaríos como llamas en el fuego, gotas en el mar y en el árbol semilla que raíces fueron su tallo.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-extra-large-font-size">Un lugar en el viaje de Paco y su Compadre</p>



<p>&#8211; Mira, chico, por ahí viene Tenderín. ¿Qué traerá en la vena tal de su mollera que lo que sangre debiera aire son en gritos que por su garganta desde aquí escuchamos?</p>



<p>&#8211; ¡Ha muerto! ¡Ha muerto! ¡Por fin!</p>



<p>&#8211; ¿De quién estará hablando, chico, que arrobado tal de sí lo tiene?</p>



<p>&#8211; ¡Paco y su Compadre! ¿Os habéis enterado? ¡Ha muerto!</p>



<p>&#8211; ¡Por sueño de vida que en tal se despierta a gloria y gracia, Tenderín! Que si tal fiesta corre en el cerumen de tus oídos será que santo se hizo vida en el vino que lo hizo donde es agua, o que en tal se deshizo a quien dinero debías. ¿De quién hablas, Tenderín?</p>



<p>&#8211; Pero… ¿De veras no lo escuchasteis?</p>



<p>&#8211; Tu gozo enmudeció hasta el trinar de los ríos en olvido de sí mismos, Tenderín.</p>



<p>¡El rey, Compadre! ¡El rey! ¡Ha muerto! ¡Se acabó camino que mis pies no dicten! ¡Mas ya no tal rey los manda!</p>



<p>&#8211; ¡Oh, Tenderín! ¡Y tan razón llevas como día y noche de sol y luna son presos! ¡Por todos los cielos, que de luz y negro llenan horas que pisamos tiempo vida mía! ¡Cuán mejor noticia podrías traernos!</p>



<p>&#8211; ¡Voy hasta aquellos que por escuchar al río no oyeron la nueva! ¡A más ver!</p>



<p>&#8211; ¿Has oído, chico? Tal alegría es noche en el callar del día que parlanchina mudez sombras viste rayos de su cuerpo.</p>



<p>En esta tierra, chico, como allá donde pies pongan suelo, es de haber, ido y donde fuere rey señoree el cetro de su tino, tan a son de sí destinos alce en cuanto ser ha por tal. Y tal ha será su sido que sido no es tal si no de cuanto ser tiene ¿Qué tiene aquello de es que siendo fue y será, chico? ¡Ay del tiempo, que valiosas horas tiene y oro que vale menos que el triste barro! ¡O incluso más! Y es que ya lo dijo aquel que lo habló ¡Uno para todos y todos para uno, y porvenir en manos todas traiga cuanto para todos somos uno! Pues allí donde vértigo lacayo sueña con ojos abiertos, en la paz que tal hacer gusta y en así brinda el querer mal de altura que desea, cuanto sube o cae, se acomoda en semejante ir y venir, gasta la ilusión pensante, que fantasía tiene de cuanto es en ser es todo y tal es por cuanto cayó a pies de sí real, o cobra el pensar de la ilusión, que a sí se hace cuanto su fuere tal que todo sea lo que por sí alberga carente. Y allí, giros, tropiezos y vuelos de tales pájaros, que por no ser dichos son duchos en parecer hombres, es donde, bien bolsillos bien orejas, al fin pues sacos, en pegados a tales híbridos levantan torres para guardar las nubes.</p>



<p>Mas… ¿qué a nosotros nos viene tal cosa? ¿Qué decidir si no cerveza o vino? ¿Qué puede ser más grato al gusto después de una cerveza; antigua más que la antigüedad que hizo clásica estampa, con sus bien de arenques y olivitas gustosos de lo bueno donde lo hubiere, para refrescar uno el gaznate sino el buen vaso de vino que en sus propias delicias se asienta sesudo en fermento y reposa en la grandiosa bebida que así se ofrece? ¡Y no solo tal mas que botellas corren para hacer de las tabernas su alegría! Así que, chico, si vamos a pedir ¡pidámosle a Dios que en la resaca, de cuanto es misterio bastardo soberano del cielo, nos mande aquel dolor que mejor nos quiera tratar!</p>



<p>¡Ay, chico! Que aquellas fauces vicio que tal llamas boca en lagrimal de felicidad se deshacen al siquiera sonar la bebida. Mas, si verdad recoge dicho aquel «El más santo peca siete veces al día.» ¡Cuánto no habrá de serlo para el mísero pellejo orgulloso en la mugre que de vestimenta nos hace traje! ¡Hagámosle cuenta y paguemos dichosos cuanto de haber nos quede! ¡Y beber sea la dicha en que hallemos juntos el camino hacia la alegría que ahora son los tiempos! ¡Pues por sí que lo son! Y si fueron o serán, cuanto a hombre no compete competencias compite de andaderas que suyas son, sea si es, que siendo somos apenas un instante. ¡Cuanto lugar en el tiempo cabe ojos vista que de concepción tal está en ser! ¡Me parta un rayo, chico, si el placer no se tocara y la alegría no se viera! ¡Si no fueran casa sino bien hogar de victorias y desgracias! Y que de puertas son por lo que de puente tienen. Y casas son por lo que de piedra tienen. Y piedras son que al hombre vieron nacer. Y que si en nacer halla su ser el hombre ¡que así sea por los siglos de los siglos! Que retoños sea cuanto la muerte nos traiga y así los años vean cuanto de sol su luz ilumina. Que sin muerte no habría vida y sin vida no habría muerte ¡Larga vida a la muerte aunque corta muerte a la vida! Mas como no iba a cortar la muerte si guadaña le fue dada ¡Segadora de la sombra que cosecha son tus rebaños! ¡Despiadada segadora! Mas… Ay, vida amor mío que es en tu irte que te quiero, pues tu siempre venir es tu razón de ser… ¡la mía!</p>



<p>Mas que de vino y cerveza mi mollera está llena y gozo prestan a la sin hueso, chico, y en tales aciertos del gusto siempre hay desvaríos como llamas en el fuego, gotas en el mar y en el árbol semilla que raíces fueron su tallo.</p>
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		<title>Disparate de Paco y Quico</title>
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		<dc:creator><![CDATA[escritosgabriel]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 May 2024 18:42:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Disparate de Paco y Quico &#8211; Paco. &#8211; Quico. &#8211; Escucha, Paco, estuve pensando en algo. Resulta que sí, creo que el amor es lo más importante que hay en la vida. &#8211; Puede que el amor sea lo más grande, sí. &#8211; ¡Lo es! ¡Y tanto que lo es! Porque, dime, ¿qué sería el hombre sin amor? ¡Poca cosa, Paco! Tan poquita cosa que no llegaría ni siquiera a ser nada. ¡Qué poca cosa! ¡Ay, Paco! ¡Ay de ays! Que después de darle muchas vueltas, así creo que es, el amor es aquello que nos salva. &#8211; ¿De qué nos salva, Quico? &#8211; De las tinieblas del alma, de caer en los remolinos de la perdición allí donde la oscuridad pinta el mundo con la vorágine de la pobreza de espíritu. ¡Qué miseria, Paco! ¡Qué miseria más grande disfrazando el vacío de cuanto carnaval es el mundo! Que sin amar, en el hombre lo más grande no es más que la pata de un piojo, el culo de una pulga, una garrapata coja. El amor salvará a los hombres, Paco, si es que tenemos salvación… Pero hará renacer a aquellos que muertos lo encuentren. ¡Incluso a los vivos! ¿O es que no crees tú que el amor es lo más importante, Paco? ¡Porque yo amo! Amar es la salida de aquella sombra que se cierne con su halo de tiranía desesperada cargada de presunción en la profundidad del hombre. Amar, Paco, amar es el camino del hombre ¿O es que no lo crees así, Paco? ¿No? ¿Crees que hay algo más importante que el amor? &#8211; Quién no habrá cantado como tú que el amor es maravilla sin igual. Quién no habrá sentido que no hay nada que se compare con amar, Quico, pero, lo que tiene qué tiene cómo; lo que tiene cómo tiene forma; lo que tiene forma tiene lugar; lo que tiene lugar tiene no lugar; lo que tiene no lugar tiene lugar y tiene no lugar; lo que tiene lugar tiene no lugar y tiene lugar. ¡Cuántas cosas ama el que ama! Cuando amo, amo aquello que amo. Pero, qué amo cuando amo, Quico, lo que amo, ¿no es así?, ¿o lo que amo es amar?, ¿o es al amor cuando amo lo que amo? ¿Es lo mismo aquello que amo que el amor? ¿Será lo mismo amar que el amor, de igual manera que si preguntara, ¿será lo mismo vivir que estar vivo, o ¿será lo mismo andar que ando? ¿Sin amor habría amar? ¿Sin amar existiría el amor? ¡Cómo saber qué es el amor, si el que ama no lo sabe y el que no ama lo desconoce! ¿Cómo podría saber que el amor es lo más importante si no sé lo que es? Pero entonces me digo; cuando amo siento amor, entonces me pregunto por el amor. ¡Pero entonces vuelvo a las mismas preguntas! ¿Cómo saber qué amo si no sé qué es el amor, Quico? ¿Es diferente el amor de lo que amo, y ello distinto de amar? ¿Acaso es aquello que amo el amor, o es el amor lo que me hace amar lo que amo? ¿Es amar sentir amor por aquello que amo? Pero qué es lo que amo, Quico ¿aquello que amo que me hace amar, el amar en el que siento el amor o al amor que por tal amar digo que amo? ¿Qué es lo que amo en aquello que amo? ¿Lo que amo? ¿Amar? ¿Es el amor? ¿Puedo siquiera concebir el amor sin amar aquello que amo? Resultaría imposible amar sin el amor y, aquello que amo, ¿de dónde vendría? ¿Podría entonces amar? ¿No es el amor lo que me hace amar, y todo ello lo que me hace decir que amo lo que amo? ¿Cómo saber qué es lo importante, Quico? Si el amor es lo más importante y no sé lo que es, ¡qué importa saber entonces, Quico! ¡Qué sé yo, Quico! ¡Si no sé nada! &#8211; ¡Estás perdiendo la cabeza, Paco!</p>
<p>La entrada <a href="http://escritosdeuninstante.es/disparate-de-paco-y-quico/">Disparate de Paco y Quico</a> se publicó primero en <a href="http://escritosdeuninstante.es">Escritos de un instante</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-extra-large-font-size"><strong>Disparate de Paco y Quico</strong></p>



<p></p>



<p>&#8211; Paco.</p>



<p>&#8211; Quico.</p>



<p>&#8211; Escucha, Paco, estuve pensando en algo. Resulta que sí, creo que el amor es lo más importante que hay en la vida.</p>



<p>&#8211; Puede que el amor sea lo más grande, sí.</p>



<p>&#8211; ¡Lo es! ¡Y tanto que lo es! Porque, dime, ¿qué sería el hombre sin amor? ¡Poca cosa, Paco! Tan poquita cosa que no llegaría ni siquiera a ser nada. ¡Qué poca cosa! ¡Ay, Paco! ¡Ay de ays! Que después de darle muchas vueltas, así creo que es, el amor es aquello que nos salva.</p>



<p>&#8211; ¿De qué nos salva, Quico?</p>



<p>&#8211; De las tinieblas del alma, de caer en los remolinos de la perdición allí donde la oscuridad pinta el mundo con la vorágine de la pobreza de espíritu. ¡Qué miseria, Paco! ¡Qué miseria más grande disfrazando el vacío de cuanto carnaval es el mundo! Que sin amar, en el hombre lo más grande no es más que la pata de un piojo, el culo de una pulga, una garrapata coja. El amor salvará a los hombres, Paco, si es que tenemos salvación… Pero hará renacer a aquellos que muertos lo encuentren. ¡Incluso a los vivos! ¿O es que no crees tú que el amor es lo más importante, Paco? ¡Porque yo amo! Amar es la salida de aquella sombra que se cierne con su halo de tiranía desesperada cargada de presunción en la profundidad del hombre. Amar, Paco, amar es el camino del hombre ¿O es que no lo crees así, Paco? ¿No? ¿Crees que hay algo más importante que el amor?</p>



<p>&#8211; Quién no habrá cantado como tú que el amor es maravilla sin igual. Quién no habrá sentido que no hay nada que se compare con amar, Quico, pero, lo que tiene qué tiene cómo; lo que tiene cómo tiene forma; lo que tiene forma tiene lugar; lo que tiene lugar tiene no lugar; lo que tiene no lugar tiene lugar y tiene no lugar; lo que tiene lugar tiene no lugar y tiene lugar. ¡Cuántas cosas ama el que ama! Cuando amo, amo aquello que amo. Pero, qué amo cuando amo, Quico, lo que amo, ¿no es así?, ¿o lo que amo es amar?, ¿o es al amor cuando amo lo que amo? ¿Es lo mismo aquello que amo que el amor? ¿Será lo mismo amar que el amor, de igual manera que si preguntara, ¿será lo mismo vivir que estar vivo, o ¿será lo mismo andar que ando? ¿Sin amor habría amar? ¿Sin amar existiría el amor? ¡Cómo saber qué es el amor, si el que ama no lo sabe y el que no ama lo desconoce! ¿Cómo podría saber que el amor es lo más importante si no sé lo que es? Pero entonces me digo; cuando amo siento amor, entonces me pregunto por el amor. ¡Pero entonces vuelvo a las mismas preguntas! ¿Cómo saber qué amo si no sé qué es el amor, Quico? ¿Es diferente el amor de lo que amo, y ello distinto de amar? ¿Acaso es aquello que amo el amor, o es el amor lo que me hace amar lo que amo? ¿Es amar sentir amor por aquello que amo? Pero qué es lo que amo, Quico ¿aquello que amo que me hace amar, el amar en el que siento el amor o al amor que por tal amar digo que amo? ¿Qué es lo que amo en aquello que amo? ¿Lo que amo? ¿Amar? ¿Es el amor? ¿Puedo siquiera concebir el amor sin amar aquello que amo? Resultaría imposible amar sin el amor y, aquello que amo, ¿de dónde vendría? ¿Podría entonces amar? ¿No es el amor lo que me hace amar, y todo ello lo que me hace decir que amo lo que amo? ¿Cómo saber qué es lo importante, Quico? Si el amor es lo más importante y no sé lo que es, ¡qué importa saber entonces, Quico! ¡Qué sé yo, Quico! ¡Si no sé nada!</p>



<p>&#8211; ¡Estás perdiendo la cabeza, Paco!</p>
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		<title>Felicidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[escritosgabriel]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Apr 2024 17:34:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Oh felicidad, dulce y caprichoso viento que mueve a los hombres como la brisa mece las hojas ¿De dónde viene el respirar de tu amor inmortal? Frágil como un cristal, fino y delicado, se oculta en el mago perdurar de los colores que a todo llenan de esperanza. A la tristeza llamaron aburrimiento, y del sagrado egoísmo que nace en la alegría de los niños hicieron necesidad y crueldad. Oh felicidad, tierna y misteriosa niña ¿Qué oculta el latir en el aliento de tus entrañas? En tu juego ves el alzarse de los soles, el apagarse de los cielos, la sobriedad de lo terrible y el abismo de la sangre, efímera, fugaz, como allí donde desemboca el río. ¡Y ese es tu juego! ¡Tu mortal y eterno juego! ¡La sublime gracia, la horrible generosidad de tu querer jugar! El suspiro que abraza la tristeza, que se compadece del miedo con el desdén de una astuta risa infantil, que alza la alegría en los campos de la desesperación para que, a tu paso, felicidad, ondee el triste vuelo de lo maravilloso. Oh felicidad, que por siempre ofreces sin cesar tus misteriosos regalos y jamás recibes ofrenda de ilusión alguna. Tú que das a manos llenas y nada recoges porque estás hecha de entrega. Oh felicidad, de infatigable y tortuosa marcha, tú que vuelas tan deprisa que el deseo, renqueante y tuerto, te desprecia por no poder alcanzarte. ¿Qué suena en tu vacío jardín que tanto anhelamos los hombres? Oh felicidad, corazón de misterios y enigmas, que te vistes con tus resplandecientes sombras, que te diviertes en tu impasible disfraz, pintado con los infinitos sueños de la vida, ¿Cómo seguir el viento de tu glorioso vuelo? Como un pájaro que se entrega al viento del mediodía, para volar por encima de sí mismo, oh felicidad, quiero volar más allá de mis amadas miserias.</p>
<p>La entrada <a href="http://escritosdeuninstante.es/felicidad/">Felicidad</a> se publicó primero en <a href="http://escritosdeuninstante.es">Escritos de un instante</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Oh felicidad, dulce y caprichoso viento que mueve a los hombres como la brisa mece las hojas ¿De dónde viene el respirar de tu amor inmortal?</p>



<p>Frágil como un cristal, fino y delicado, se oculta en el mago perdurar de los colores que a todo llenan de esperanza. A la tristeza llamaron aburrimiento, y del sagrado egoísmo que nace en la alegría de los niños hicieron necesidad y crueldad.</p>



<p>Oh felicidad, tierna y misteriosa niña ¿Qué oculta el latir en el aliento de tus entrañas?</p>



<p>En tu juego ves el alzarse de los soles, el apagarse de los cielos, la sobriedad de lo terrible y el abismo de la sangre, efímera, fugaz, como allí donde desemboca el río.</p>



<p>¡Y ese es tu juego! ¡Tu mortal y eterno juego! ¡La sublime gracia, la horrible generosidad de tu querer jugar! El suspiro que abraza la tristeza, que se compadece del miedo con el desdén de una astuta risa infantil, que alza la alegría en los campos de la desesperación para que, a tu paso, felicidad, ondee el triste vuelo de lo maravilloso.</p>



<p>Oh felicidad, que por siempre ofreces sin cesar tus misteriosos regalos y jamás recibes ofrenda de ilusión alguna. Tú que das a manos llenas y nada recoges porque estás hecha de entrega.</p>



<p>Oh felicidad, de infatigable y tortuosa marcha, tú que vuelas tan deprisa que el deseo, renqueante y tuerto, te desprecia por no poder alcanzarte. ¿Qué suena en tu vacío jardín que tanto anhelamos los hombres?</p>



<p>Oh felicidad, corazón de misterios y enigmas, que te vistes con tus resplandecientes sombras, que te diviertes en tu impasible disfraz, pintado con los infinitos sueños de la vida, ¿Cómo seguir el viento de tu glorioso vuelo?</p>



<p>Como un pájaro que se entrega al viento del mediodía, para volar por encima de sí mismo, oh felicidad, quiero volar más allá de mis amadas miserias.</p>
<p>La entrada <a href="http://escritosdeuninstante.es/felicidad/">Felicidad</a> se publicó primero en <a href="http://escritosdeuninstante.es">Escritos de un instante</a>.</p>
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